El fuego

El fuego en los campos y bosques fue un mecanismo ecológico natural.

Fue.

Hoy es un azote infernal que se lleva, en un instante, años de trabajo, ilusiones y vidas.

Presenciar el fuego y fotografiar el trabajo de las personas que tratan de combatirlo, siempre es una experiencia sobrecogedora, en la que deslumbran el poder de la llamas y el coraje de las personas.

Santiago Echaniz

 

Puertas muertas (1990 – 2006)

Lo público y lo privado; lo privado y lo público.

El cielo o el infierno (de cualquiera de los dos lados).

Barreras o nexos con tenues señas personales ¿Qué manos las barnizaron en su esplendor? ¿Qué manos tejieron aquella cortina? ¿Al ritmo de que pensamientos se movieron?

Mil manos (veces) abrieron picaportes y fallebas, pero sólo una las cerró por última vez.

¿Qué se sentirá al hacer el último paso por el umbral?

Santiago Echaniz

 

 

La Pampa (sensu Juan Ricardo Nervi) (en construcción)

La Pampa es rica en paisajes, muchas veces banalizados en coloridos almanaques y postales.

Detenerse, mirar y escuchar (sentir) la magia, hace que algunos rincones “de áspera piel” cobren una belleza particular.

“La Pampa es un viejo mar donde navega el silencio”

Juan Ricardo Nervi

Norte: apuntes de viaje (2001)

En agosto de 2001 viajé a un congreso de ecología que se realizó en Jujuy.

Apenas tuve tiempo suficiente para conocer unos pocos lugares y su gente, en un momento que el turismo era menos importante y la década pasada había golpeado fuerte.

Esta serie, sólo apuntes de viaje, son unas pocas imágenes de las que tomé a medida que descubría (tal vez tardíamente) una parte entrañable de Argentina.

Santiago Echaniz

Íntero-interiores (1990 -)

Señoriales o modestos, amplios o reducidos, privados o públicos.

Los interiores de los edificios reflejan la personalidad de quienes los construyeron pero también producen efectos sobre los que los transitan.

Las pequeñas particularidades de iglesias, fábricas, hoteles o viviendas a menudo llevan a cerrar los ojos y escuchar los fantasmas.

Fotografiarlos es más difícil.

Santiago Echaniz

Alter naturae (Otra naturaleza)

Alter naturae”  o “Sobre los múltiples e inciertos destinos que signan la vida de los animales” es un trabajo realizado en coautoría.

Nacen, crecen, se reproducen y mueren. En muchos casos lo logran y así resulta.

Pero en otros, los atropellamos, los cazamos, los exhibimos indignamente como trofeos y adornos suspendiendo su muerte en el tiempo, o los comemos torciendo su destino de polvo.

                                                                                            Alicia y Santiago

“Ningún animal será sometido a malos tratos y se establece la prohibición de actos crueles sobre los animales”. Art.3º, inc. a.

“Un animal muerto debe ser tratado con respeto”. Art.11º inc. d.

(De la declaración Internacional de los Derechos de los Animales)

 

 

 

 

De pueblos tristes (en coautoría)

¿Qué somos, sino pasajeros de nuestro propio destino, viajando en el tiempo mientras las cosas pasan, los pueblos pasan  y mueren tras nosotros?

Alicia Vignatti

 

Naicó, Perú y Hucal fueron pequeños pueblos situados a la vera del ferrocarril que unió Toay con Bahía Blanca, para acercar al puerto los productos de la región.

Durante décadas sus habitantes vivieron de actividades relacionadas con la explotación de los cercanos montes de caldén, como madera noble para muebles y parquets o como vulgar leña para alimentar la voracidad de las locomotoras cuando escaseó el carbón mineral a causa de las guerras mundiales.

Luego de haber devorado su principal recurso, Naicó, Perú y Hucal son parajes abandonados, con  sólidas estaciones inútiles y unas pocas frágiles casas que el salitre disuelve lentamente.

De los sonidos del tren, de las mujeres en sus quehaceres y de los chicos en las hamacas del parque; del paso de carros y caballos de hacheros y automóviles de comerciantes; nada queda.

Sólo algunos vestigios en los interiores de casas que, viento a viento, caen y se pierden, cumpliendo el inexorable destino que marca la caducidad de las cosas.

Santiago Echaniz

 

Postales de algún lugar (1995 – )

Dueño de mil defectos letales, el ser humano tiene algunas virtudes que, a veces, lo hacen brillar.

Entre ellas están su obcecación y su curiosidad, que siempre lo han llevado a conocer y tratar de habitar universos lejanos e ignotos.

En ellos construye las estructuras que necesita para habitar, trabajar o divertirse. Y cuando se va (o las circunstancias lo obligan a irse), quedan como testimonios de una de sus mayores grandezas.

Movi motum (2002 – 2006)

Tedio, cansancio, hambre, sueño, bronca a veces, son  frecuentes compañeros de mis últimas horas de trabajo, cuando ya la ciudad se acostó y la rotativa empieza a girar.

Pero seguramente faltará una inútil imprescindible foto más, necesaria para quien sabe qué y nunca publicada, lo que hace que deba echarme el bolso al hombro y recorrer nuevamente las calles semidesiertas.

Luces, sombras, colores y fantasmas integran un extraño calidoscopio que me acompaña al caminar …

Santiago Echaniz, invierno de 2006.

De llanuras (2001 – 2014)

APARECIDAS DE LA NADA

Estas imágenes parecen impresas en el vacío, no que sean de un lugar. Nos resultan dramáticas, espectrales, a pesar de que su autor las considere decorativas. Fotos sin grises, como él explica, dadas por “un clásico procedimiento de eliminación de tonos con película gráfica de alto contraste”. A esta serie la ha llamado “llanuras”. El plural -quizá para dar idea de una dimensión muy vasta- indicaría a su vez que cada de una de las “llanuras” hace que las tomas sean detalles por la imprecisión que las rodea, un  blanco de fondo.

Las referencias en su mayoría son árboles, bien específicos, como cipreses, caldenes, olmos, eucaliptos, palmeras, y se destacan por su contundencia respecto del suelo esquivo donde arraigan, o han arraigado. La verticalidad en la llanura cobra una presencia extraña a la horizontalidad, desde un molino a una tranquera, desde un alambrado a una torre eléctrica. Son gigantes en una imaginación quijotesca. Cada grupo de estos elementos se recortan en siluetas y en algunos casos esbozan islotes en la lejanía. Lo espectral y lo esquelético de las formas arbóreas son constantes, y lo que es producto de creación humana se arrincona o enmarca un espacio: la entrada a un campo recuerda a un monumento megalítico; un caserón entre árboles o una garita de pasajeros impactan por un cierto hermetismo en su misma frontalidad. La quietud convive con alguna crispación de estos referentes que han dejado de ser refugio para devenir abandono. Una tierra sombría apresa una claridad de cielos vacíos y apenas deja ver reflejos también espectrales. Si uno sigue en orden las tres fotos de unos caldenes en las cuales el primero está caído, el segundo semeja estar incorporándose, y el último, se yergue en un montículo, puede interpretar la secuencia metafórica de una soledad y un aislamiento en lucha con el devenir.

Santiago se enfoca en un paisaje fragmentado para ubicar las imágenes en su propio límite. Es una visión del contraste entre lo que son figuras pasivas, acaso rígidas, y un espacio tan vacuo como inconmensurable. Les llamamos “espectros” a esas figuras porque se nos ocurren aparecidas en medio de la nada, a la que le llamamos “un blanco de fondo”, y al conjunto, “contrastes”.

Miguel de la Cruz