De llanuras (2001 – 2014)

APARECIDAS DE LA NADA

Estas imágenes parecen impresas en el vacío, no que sean de un lugar. Nos resultan dramáticas, espectrales, a pesar de que su autor las considere decorativas. Fotos sin grises, como él explica, dadas por “un clásico procedimiento de eliminación de tonos con película gráfica de alto contraste”. A esta serie la ha llamado “llanuras”. El plural -quizá para dar idea de una dimensión muy vasta- indicaría a su vez que cada de una de las “llanuras” hace que las tomas sean detalles por la imprecisión que las rodea, un  blanco de fondo.

Las referencias en su mayoría son árboles, bien específicos, como cipreses, caldenes, olmos, eucaliptos, palmeras, y se destacan por su contundencia respecto del suelo esquivo donde arraigan, o han arraigado. La verticalidad en la llanura cobra una presencia extraña a la horizontalidad, desde un molino a una tranquera, desde un alambrado a una torre eléctrica. Son gigantes en una imaginación quijotesca. Cada grupo de estos elementos se recortan en siluetas y en algunos casos esbozan islotes en la lejanía. Lo espectral y lo esquelético de las formas arbóreas son constantes, y lo que es producto de creación humana se arrincona o enmarca un espacio: la entrada a un campo recuerda a un monumento megalítico; un caserón entre árboles o una garita de pasajeros impactan por un cierto hermetismo en su misma frontalidad. La quietud convive con alguna crispación de estos referentes que han dejado de ser refugio para devenir abandono. Una tierra sombría apresa una claridad de cielos vacíos y apenas deja ver reflejos también espectrales. Si uno sigue en orden las tres fotos de unos caldenes en las cuales el primero está caído, el segundo semeja estar incorporándose, y el último, se yergue en un montículo, puede interpretar la secuencia metafórica de una soledad y un aislamiento en lucha con el devenir.

Santiago se enfoca en un paisaje fragmentado para ubicar las imágenes en su propio límite. Es una visión del contraste entre lo que son figuras pasivas, acaso rígidas, y un espacio tan vacuo como inconmensurable. Les llamamos “espectros” a esas figuras porque se nos ocurren aparecidas en medio de la nada, a la que le llamamos “un blanco de fondo”, y al conjunto, “contrastes”.

Miguel de la Cruz